Otro estudio sobre el futuro de la impresión 3D ...

Publicado por mava en

Cada vez son más los analistas que coinciden en el exitoso futuro que le aguarda al mundo de la tecnología de impresión 3D, aunque la mayoría de ellos no coinciden aún en el momento en el que se producirá el citado estallido a partir del cual todos vivamos pegados a una impresora 3D. Joshua Pearce, investigador de la universidad americana Michigan Technology predice estos días que la fabricación personalizada a través de ordenador y usando para ello una impresora 3D está a punto de convertirse en masiva. Para Pearce el consumidor medio estadounidense ya está preparado para incluir en su día a día una impresora 3D y mejorar su vida con ella. Las impresoras 3D tal y como han avanzado en los últimos tiempos permiten hacer ya cualquier tipo de objeto, desde juguetes y utensilios hasta joyería o ropa. Esta expansión y la llegada a los usuarios se ha visto favorecida gracias a la aparición de plataformas del tipo Thingiverse, que permiten descargar archivos sobre infinidad de productos que están diseñados para ser impresos en 3D una vez que el usuario lo ha descargado en su ordenador y de forma muy sencilla. No hay que olvidar tampoco la evolución que han experimentado las propias impresoras 3D, siendo capaces de imprimir ya en una gran variedad de materiales distintos y ofreciendo una calidad cada vez mayor en sus terminaciones y en la resolución de los productos finales. Dentro de éstas, el gran avance lo protagonizaron las impresoras 3D de código abierto con las que el usuario ha podido hacer modificaciones concretas orientadas a su actividad. Teniendo en cuenta todo esto y después de analizar con detalle el aspecto económico y el ciclo de vida de uma impresora 3D en un hogar estadounidense, Pearce concluyó su análisis diciendo que una familia americana puede ahorrar al año una importante suma de dólares si en lugar de adquirir productos del exterior, adquiere la materia prima y fabrica los mismos con una impresora 3D. 15-0215ae99b4_630x400 Pearce no sólo ha hecho un análisis basado en observación, para su estudio él y su equipo escogieron al menos 20 artículos de la vida diaria, de los que aparecen en Thingiverse para ser descargados e impresos en 3D. Una vez seleccionados, imprimieron éstos al mismo tiempo que eran buscados en el mercado para conocer su precio, concluyendo que si los objetos eran impresos en 3D por ellos mismo, el coste total para el consumidor era menor que el precio de mercado. Aunque es cierto que el precio de una impresora 3D puede variar mucho según las prestaciones, en el mercado pueden encontrarse ejemplares que van desde los 300€ hasta los 2000€. Según opina Pearce en su análisis, asumiendo el coste de adquirir una impresora 3D por un usuario convencional, la recuperación de la inversión se consigue rápidamente en el ahorro de costes al fabricarlo. Para finalizar Pearce asegura que el ahorro es mayor cuando se trata de objetos de alta gama por los que un consumidor tiene que pagar un precio mayor.    


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